Un mundo feliz es uno de esos libros que me marcaron de por vida, ya que lo leí en el momento adecuado. Exactamente con quince años, en uno de esos añorados veranos en los que uno tiene tiempo infinito por delante. El caso es que tuve suerte, porque cayó en mis manos esta obra atemporal escrita en 1932, novela cumbre de la ciencia ficción.




